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Instintos: ¿la ley de la selva? - Gestión del estrés
Conocer los tres instintos es fundamental para entender el eneagrama y los 27 subtipos.
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Instintos: ¿la ley de la selva?

instintos y eneagrama

Instintos: ¿la ley de la selva?

Entender bien la teoría de los sesgos instintivos es pieza clave para conocer de forma completa el Eneagrama. En realidad más que nueve eneatipos, el Eneagrama nos describe 27 subtipos de personalidad al multiplicar los 9 tipos de personalidad por los tres instintos.

Los instintos son tendencias biológicas que hacen que nos adaptemos al entorno según las necesidades del momento. En los animales los instintos se manifiestan de manera natural y determinan su comportamiento según su ciclo vital.

Su instinto social les mantiene unidos en la manada como grupo, el sexual transmisor hace que realicen sus rituales de apareamiento, y el conservación que cuiden de sus crías, busquen donde guarecerse y les faciliten alimento.

En los humanos funciona igual, aunque su desarrollo es algo más complejo y podríamos decir que no está  sujeto solo a los impulsos de la biología.

Mario Sikora sostiene la teoría, que para equilibrar los instintos y entender mejor a las personas, hay que tener en cuenta que existe un instinto, primario, otro secundario y un tercero olvidado. Según su teoría, este movimiento sería en el sentido de las agujas del reloj y de forma circular: SOCIAL – TRANSMISOR/SEXUAL – CONSERVACIÓN; es decir, si tu instinto principal es el conservación, tu segundo instinto sería el social, y el olvidado el transmisor/sexual.

Los instintos determinan nuestra manera de relacionarnos con el entorno, y generalmente tenemos una orientación o fijación hacia uno de ellos cuando no les prestamos la atención suficiente. Esto hace que de alguna manera desatendamos áreas concretas de nuestra vida.

Los instintos se equilibran entrenándolos. Una forma resumida de hacer este trabajo tal como explica Alberto Peña Chavarino sería:

  •  Primer instinto potenciar sus fortalezas, controlar sus excesos.
  •  Segundo instinto: desarrollar sus fortalezas, cuidar sus debilidades para no perjudicar al     primario y anular el tercero.
  •  Tercer instinto: prestarle atención diaria, ir poco a poco con el, incluso delegar si ves que se te va de las manos y tratarle con astucia para generar estrategias que te ayuden a trabajarlo con comodidad.
Fernando Mancebo
fernando@gestionestres.com
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