fbpx
Compasión y autocompasión - Gestión del estrés
249
post-template-default,single,single-post,postid-249,single-format-standard,bridge-core-2.4.9,tribe-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-content-sidebar-responsive,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-23.4,qode-theme-bridge,qode_advanced_footer_responsive_1000,wpb-js-composer js-comp-ver-6.4.0,vc_responsive
 

Compasión y autocompasión

Compasión y autocompasión

La traducción literal del latín de la palabra “compasión”, sería “sufrir con”. Si una persona sufre, tú sufres con ella.

Por otro lado, la herencia cultural occidental ha contribuido a que el concepto de autocompasión se asocie de algún modo a sentimientos egoístas.

Compasión y lástima, aunque parecidas, son cosas distintas. La lástima lleva implícita algunas dosis sutiles de superioridad sobre la persona que sufre y a veces se queda en una simple emoción. Cuando sentimos lástima por nuestra persona solemos albergar sentimientos de cierto desprecio personal y victimismo.

La compasión por el contrario, está asociada a la comprensión del sufrimiento, a la solidaridad con el sufrimiento ajeno y propio, al deseo de ayudar si está en nuestra mano.

 Según el Dalai Lama, la compasión es lo que sucede cuando el amor se encuentra con el sufrimiento, entendiendo amor como el deseo de que los demás sean felices.

Casi todo el mundo estaríamos de acuerdo en afirmar que la compasión es desear a los demás lo mismo que a nosotros mismos, y que la verdadera compasión comienza con la primera persona del singular, pero ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo sentir verdadera compasión por nuestra persona?, ¿Por qué nos resistimos a aplicar los mismos estándares de comprensión y empatía hacia nuestras acciones teóricamente erróneas como hacia las de los demás?

Quizás tenga que ver con la idealización de la perfección, con la fantasía que hemos organizado entorno a nuestra persona, o con los altos niveles de exigencia, reales o imaginarios, a los que nos somete el entorno. Quizás nos cuesta admitir que tenemos exactamente el mismo derecho que cualquier ser humano de este planeta, a ser débiles, vulnerables, torpes, tener mal genio, albergar malos sentimientos, esconder pasiones, mostrar contradicciones…en definitiva, no mostrar auto compasión es un tipo de resistencia a ver la realidad.

La compasión tanto personal como hacia los demás tampoco tiene que ver con la indolencia o la transigencia patológica. Cuando sentimos compasión tomamos contacto con la verdad que hay, la entendemos, la aceptamos. La compasión nos saca de la “cultura de la culpa” para hacernos responsables de nuestros actos. La compasión nos libera del juicio y nos ayuda a incentivar el cambio, a mejorar. Es mucho más fácil avanzar desde el espacio abierto y la perspectiva panorámica de la compasión que desde el pozo de la culpa o de la acusación.

Empieza por cambiar tu lenguaje. Utiliza frases que no incluyan juicio ni crítica, emplea expresiones amables del tipo: “hice lo que pude”, “me resultó muy difícil aguantar la ira”, “me hubiera gustado haber sido mas suave con mis palabras, aprendo de la experiencia para intentar no repetirlo”.

Mindfulnes es más que una terapia de reducción del estrés. La práctica regular de atención plena va a hacer que aumente nuestra capacidad productiva y de resolución de conflictos, pero además va a contribuir a sacar a la luz nuestra mejor versión mediante el desarrollo de la capacidad de gestionar mucho mejor nuestros pensamientos y emociones pacificando nuestra mente. La práctica de Mindfulness permite que emerjan cualidades de nuestra personalidad ocultas tras el velo del estrés, el miedo, las preocupaciones, la ansiedad, la depresión.

Mindfulness es un trabajo personal pero que se expande hacia afuera.  A este respecto, me parece interesante recordar la frase de Ghandi que decía: “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

 

Fernando Mancebo
fernando@gestionestres.com
No hay comentarios

Publica un comentario